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Lidiando con las empresas de recobro

Por Carlos Sánchez · 23 Noviembre, 2015 · 2

Hace unos días me pedía consejo un amigo al que le había llamado una empresa reclamándole una deuda por un impago de una factura telefónica de hace más de diez años, y que ni siquiera recordaba que existiese. Se trata de una forma de proceder muy habitual, especialmente en tiempos de crisis, donde suele darse un aumento de la morosidad. En España existen numerosas empresas que, con mayor o menor insistencia, y con mayor o menor amabilidad, se dedican al recobro de deudas, y no contamos con una regulación específica para ese sector. Por eso, en esta entrada identificaré las actuaciones más comunes, la legalidad o ilegalidad de las mismas, y las posibles vías de actuación ante ellas.

¿Qué son, y cómo actúan, las empresas de recuperación de créditos impagados?

Un acreedor, que sería la empresa con la cual se tiene una deuda (a la que nos referiremos como empresa principal) puede transmitir su crédito sin necesidad de informar de ello al deudor. En tal caso, quién adquiere ese crédito pasa a ser el nuevo acreedor y puede, por tanto, reclamar su pago al deudor. La mayoría de empresas de recuperación de créditos impagados (o, popularmente, “empresas de recobro”) compran paquetes de deuda a las distintas compañías, generalmente por un precio bajo, y su ganancia es la diferencia entre lo que pagaron por esa deuda y lo que logran cobrar.

También existe otra modalidad de actuación en la que la empresa principal no cede su deuda, sino que se limita a encargar a la empresa de recobro la gestión para su cobranza. De esa forma, al encargarlo a una agencia externa especializada, reduce los gastos que le supondría el reclamar la deuda.

Si bien existen algunas (muy pocas) empresas de recobro que actúan de una forma transparente, seria y legal, lo cierto es que la mayoría del sector no duda en recurrir a prácticas que, como poco, deben calificarse de poco éticas, cuando no directamente de ilegales. Así, no es infrecuente que estas empresas realicen múltiples llamadas diarias, a horas intempestivas, a familiares y compañeros del deudor, sin identificarse correctamente y sin acreditar la deuda.

Comprobar la existencia y exigibilidad de la deuda

Ante una reclamación de este tipo, puede diferenciarse entre tres situaciones diferentes: que la deuda no exista, que la deuda sea incorrecta, o que la deuda sí exista.

Si considera que la deuda no existe, deberá en primer lugar comunicarlo a la empresa de recobro, y solicitarles que le envíen la documentación que acredite la deuda. Es muy infrecuente la insistencia para el cobro de deudas que no existen, pero en ocasiones puede suceder. En ese caso, y siempre que la actuación no sea tan grave como para ser delito, podrá solicitar la cancelación de sus datos personales, para lo que puede utilizar el modelo que ofrece en su página web la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD). Si transcurrido el plazo legal (diez días) no se han cancelado sus datos, entonces deberá acudir al procedimiento de tutela que ofrece la AEPD.

Puede pasar que la deuda sí exista, pero que la reclamación incluya cantidades o conceptos no debidos. Sólo está obligado a abonar aquellos conceptos que apareciesen recogidos en el contrato que suscribió con la empresa principal, pero no gastos u honorarios que la empresa de recobro le reclame. E incluso aunque las cantidades aparezcan en el contrato, las mismas pueden corresponder a cláusulas abusivas, especialmente en lo que respecta a intereses. En este caso, puede intentar negociar con la empresa de recobro o acudir a un abogado.

Si la deuda existe, y la cantidad que se reclama es correcta, no cabe duda de que en tal caso hay que abonarla. Generalmente, las empresas de recobro ofrecen la posibilidad de negociar en el caso de que existan dificultades económicas que impidan hacer frente a ella en ese momento. Y tenga en cuenta que, en función del importe de la deuda, las posibilidades de que se llegase a una reclamación judicial son escasas. En cualquier caso, y pese a que la deuda efectivamente exista y sea debida, la actuación de las empresas de recobro debe ajustarse a la legalidad.

Ha de tenerse en cuenta que, incluso si la deuda existió, puede haber prescrito. La prescripción supone que la deuda ya no puede exigirse o, para ser más exactos, que si se exige no es necesario su pago. Los plazos de prescripción varían en función del origen de la deuda. Por ejemplo, en el caso de deudas de telefonía, la prescripción se produce a los tres años desde que dejó de prestarse el servicio. No obstante, una reclamación del acreedor, que generalmente habrá de ser por un medio que deje constancia, como el burofax, interrumpe la prescripción. La interrupción conlleva que el plazo vuelva a comenzar a computarse desde esa fecha. Por tanto, ante una reclamación, ha de comprobarse que la deuda no haya prescrito.

La cesión de los datos personales y el contacto con terceras personas

Uno de los primeros pensamientos que acude a la mente de la persona a la que le reclama una deuda una empresa de la que no ha oído hablar y que dice actuar en nombre de otra es que puede estar incumplimiento la normativa de datos personales.

La Ley Orgánica 15/1999, de 13 de diciembre, de Protección de Datos de Carácter Personal (LOPD) permite a un tercero acceder a sus datos personales cuando dicho acceso sea necesario para la prestación de un servicio al responsable del tratamiento (esto es, la empresa principal). La empresa de recobro únicamente podrá utilizarlos para el fin para el que se los hayan cedido, que será gestionar el pago de una deuda. Se trata, por tanto, de una cesión legal de datos personales.

Sin embargo, existen dos supuestos en los que la actuación de estas empresas de recobro pasa a vulnerar la LOPD. El primero de ellos es cuando no ha otorgado a la empresa principal el consentimiento para el tratamiento de sus datos personales, lo que puede darse por ejemplo cuando la deuda se origine de un servicio que finalmente no llegó a ser contratado y donde, en consecuencia, no prestó el consentimiento para el tratamiento de sus datos. En este tipo de casos debería notificar a la AEPD, pues se trata de una actuación sancionable.

El segundo supuesto es que la empresa de recobro no sólo le reclame la deuda a usted, sino que contacte con personas de su entorno (familiares, amigos, compañeros de trabajo) para obtener información y para comunicarles la existencia de la deuda y la conveniencia de su pago. En este caso, se estaría infringiendo el deber de secreto profesional  y de guardar los datos, lo cual también es sancionable y debería ser comunicado a la AEPD.

Cuando la actuación se convierte en delito

En ocasiones, las empresas de recobro no se limitan a algunas llamadas reclamando la deuda, sino que las llamadas son constantes durante todo el día, incluso a horas inoportunas; los operadores son mal educados y buscan la provocación; o, como ya hemos mencionado, se realizan al entorno del deudor.

En estos casos, es muy posible que la actuación de las empresas de recobro haya pasado a convertirse en un delito, y existen numerosas sentencias de condena a estas empresas por acosar a deudores. Especialmente cuando la deuda no sea exigible, podría aplicarse el delito de acoso que se tipificó recientemente (sobre el que escribí una entrada cuya lectura recomiendo) o un delito de coacciones.

Por tanto, y si las actuaciones de estas empresas comienzan a adquirir una insistencia y molestia excesivas, lo recomendable es hacer acopio de toda la prueba posible, como por ejemplo la grabación de conversaciones y, especialmente, los registros de llamadas que acrediten la insistencia, e interponer una denuncia ante los tribunales.

2 comentarios

  1. La información aportada, acerca de las empresas de recobro, es bastante interesante.

    El elevado índice de incumplimiento de obligaciones dinerarias ha implicado que los afectados, en vez de acudir por vía judicial que es un proceso lento y costoso, acudan a las empresas de recobro con la esperanza de que el cobro del impago se efectúe lo antes posible.

    ICIRED es la primera plataforma online en España que permite que nuestros clientes intercambien la información mediante nuestro fichero de incumplimiento de obligaciones dinerarias, sobre sus impagos comerciales.

    Antes de actuar, nos aseguramos de que la deuda contraída sea real y que se pueda proceder a su reclamación, si estimamos que es procedente se lo comunicamos a nuestro cliente, guiándonos por la veracidad de los documentos aportados, por nuestro cliente, para determinar si factible el recobro.

    Nuestro ámbito de actuación siempre se va a regir por la Ley de Protección de Datos, cuando se inicie una incidencia con nosotros se procede a la notificación al reclamado por carta certificada. En el caso de que no cumpla la obligación exigida, se le volverá a enviar una carta certificada al reclamado para comunicarle que será inserto en nuestro fichero y aparecerá en los principales motores de búsqueda de internet (google, yahoo, bing,…) y en redes sociales (twitter), creándose una presión social para que proceda al cumplimiento de su impago.

    Aseguramos la recuperación de su dinero de forma sencilla, asequible y legal. Le animamos a que visite nuestra página web, http://www.iciredimpagados.com, o que nos llamen por teléfono 912 668 043 donde estaremos encantados de proporcionarles todo la información nuestros diferentes servicios.

    Reciba un cordial saludo,
    ICIRED Impagados.

  2. Monica Martinez

    Buenas tardes, le expongo un caso real:Empresa A adeuda una cantidad a empresa B. Empresa A firma documento de reconocimiento de deuda y plan de pagos, por motivos ajenos a la voluntad de la empresa A (descenso del volumen de trabajo, pérdidas, impagos y otros derivados de la situación económica durante los años 2012-2013), no se puede hacer frente al plan de pagos ni a un pagaré. Tras el impago del pagaré el asesor de la empresa A recomienda pagar la cantidad correspondiente al pagaré devuelto para salir del RAI. Entre tanto la empresa B inicia acciones legales, presenta demanda vía ordinaria por una cantidad la cual después tuvieron que rectificar ya que el pagaré lo habían incluido en la demanda y solicita ya de entrada el embargo de bienes y ser depositario. El abogado de la empresa A primero aconseja allanarse en el proceso ordinario ya que la deuda está reconocida y ante el embargo pide al juzgado mantenga a la empresa A como depositaria de los bienes ya que son el medio de trabajo de la empresa. Después de tres años y lentitud del juzgado la empresa B solicita una reunión con la empresa A para llegar a un acuerdo. Evidentemente no hay acuerdo ya que la empresa acreedora quiere cobrar la deuda en un máximo de tres pagos lo cual resulta inviable y amenazan con la venta de la deuda. El pasado día 3 de junio se presentan dos personas en la empresa A como compradores de la deuda la entrada ya fue de amenazas a nivel familia, parientes, vecinos…..etc. Dando a conocer determinados datos personales y familiares que no constan en ningún registro, evidentemente facilitados por la empresa B. La empresa de recobro no aportan documento alguno de la compra de la deuda dicen que lo harán llegar. La Empresa A, está a la espera, por orden de su abogado para ver cual es el siguiente movimiento de esta empresa de recobro. Y ante la lectura de este blog la empresa A cae en la cuenta de que la empresa acreedora no está registrada en la Agencia de protección de Datos y que ningún documento de los firmados con ellos hace alusión al tema de protección de Datos…… Que caminos aconsejaría usted tomar, si es correcto o no esperar y en caso contrario por donde empezar a defenderse, ya que el trato recibido por parte de la empresa B y la de recobró es de delincuentes hacia la empresa A.
    A todo esto cabe añadir que en estos dos casi tres años de proceso la empresa deudora le presta servicios a la acreedora y ante una facturación trimestral por parte de la empresa A se meten en el juzgado vía monitorios con lo cual entre pagaré abonado y monitorios presentados y finalizados con compensación de deuda la deuda se ha rebajado del orden de 20.000 euros.

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